Después de una gran tormenta viene la calma. Esta frase la comprendí con más claridad hace algunos meses, cuando volví a nacer. Todas las cosas que nos suceden no son casualidad, son eventos destinados en nuestras vidas, son lecciones que debemos resolver día con día. La vida se compone de sucesos que nos harán sentirnos exitosos, ganadores, fuertes, completos, así como sucesos donde nos sentiremos derrotados, débiles, acabados, agobiados.
Pero es ahí, donde estos últimos sucesos nos enseñan que debemos cambiar algo en nosotros. Es en estos momentos de derrota en donde se nos brinda la oportunidad de ser mejores, se nos brinda la oportunidad de ser más grandes que nuestros problemas, se nos da la oportunidad de ser nosotros mismos.
En ocasiones me preguntaba ¿porque no tengo la suerte de otros?, ¿Por qué no puedo estar conforme?, ¿Por qué debo querer siempre algo más?, ¿Por qué siento que falta algo?, ¿Por qué las cosas no son como yo quiero o como me lo platicaron?...mmmm, ¡que tormento! Viviendo en todo momento esperando lo mejor de la vida, esperando dinero, esperando el mejor coche, la mejor casa, el mejor celular, la mejor laptop, la novia perfecta, esperando la felicidad.
¡Que tonto fui!, buscando siempre en el lugar equivocado, volteando hacía todos lados y tratando de encontrar lo que me hacía falta en algo o en alguien. Durante algún tiempo viví enojado con la vida, tratando de dar respuesta y buscarle lógica a mis angustias, temores, ansiedades, resentimientos. Estaba tan enojado que lo único que podía atraer era lo mismo “coraje, enojo o molestia”, sin embargo, la vida misma me daría la respuesta posteriormente con un nuevo aprendizaje. Una nueva oportunidad de mejorar, evolucionar, crecer, madurar o como quieran llamarlo.
En este proceso he tenido la oportunidad de acercarme a las personas que más aprecio, y lo agradezco en verdad, ya que me olvidé de ellos por tener la cabeza llena de tonterías. Ahora que me he permitido tener mayor comunicación con la gente cercana, nuevos compañeros o amigos, me doy cuenta que no existe mucha diferencia entre las personas.
Verán, todos tenemos sueños, anhelamos algo, sufrimos, nos alegramos, sentimos miedo, tenemos incertidumbre, nos enojamos por no obtener algo, nos deprimimos, guardamos resentimientos y regularmente no nos amamos a nosotros mismos. Algunas personas ya se dieron cuenta y al igual que yo, “renacieron”, otros están dentro de ese proceso en el cual se atreven a creer hasta un cierto punto en donde la lógica sigue estando firme, sin embargo, sé muy bien que tarde o temprano renacerán y se reencontrarán con sí mismos.
Escrito poco después de una mala racha
Colaboración de Aldo Pichardo
México